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Cortos Disparos

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Cortos Disparos

Mensaje por Ibsen el Lun Ene 14, 2013 4:06 pm

Vale, voy a publicar unos cortos fics, y como son inspirados por la música, llevarán como título el nombre de la canción. Son pequeños textos escritos con ligereza, sencillos, más como imágenes que tengo en al cabeza, y dada mi falta de talento con la letras, pues no hay mucha trama, sólo cosillas al azar. Hoy va el primero.
¡Disparo!


Pruebas (Carajo)

Quedaban 17 balas. El muchacho de rastas rubias observó con el ceño fruncido al hombre que se hacía llamar doctor cargar las últimas balas para luego, sin mayor preámbulo, inyectarse una sustancia verde en el cuello, acto seguido se giró a los otros dos hombres restantes en el túnel, les pasó la jeringa con dos frascos con la misma sustancia. El hedor a sangre y a bilis corroía en el lugar, en sus ropas, en la piel.

"Es todo lo que pude recoger de la clínica."dijo secamente.

Se miraban ansiosos, el taxista fue quien se precipitó para agarrar los implementos y hacer el mismo procedimiento del doctor. El muchacho se preguntó lánguidamente por qué de repente ya no estaba en la universidad fumando hierba sino confinado con dos desconocidos en un túnel medio destruido. Ah, cierto. Sucedió que unos científicos muy listillos propagaron un virus y ahora todos son unos zombis de mierda. Se asomó nervioso hacia la entrada, el cielo se mostraba más nublado, a lo lejos entre los edificios apenas colgaban una multitud de “personas” ya muertas o convulsionando, arrastrándose lamiendo el asfalto.

“No son zombis, Tomás, son enfermos” espetó el doctor acercándose al chico, quien tenía alzó una ceja confuso, al parecer había estado pensando en voz alta.

“Lo que sea, creo que nos fuimos a la mierda.”

“Ellos no quieren comernos, han enloquecido-“

“¡Basta, Basquiet, no necesito más detalles de esta porquería! Si va a llegar el Armagedón, quiero morir rápidamente e ignorante de la causa, no me servirá en el infierno” interrumpió el taxista.

A pesar de aplicarse el suero se veía más sudoroso, con la mirada acerba circulando de un lado a otro con el arma apretujada en su costado. Basquiet suspiró arremangándose la camisa asumiendo una expresión más cansada mientras hundía la jeringa en el brazo del chico a su lado. El rumor de un motor, tal vez un molino, hacía eco nítidamente.

“No es un el fin del mundo. Sólo la extinción de nuestra raza” el médico dijo aquello con una mueca que pretendía ser una sonrisa.

Podría ser que extrañaba los alucinógenos, pero Tomás estaba seguro que el suelo tembló, y por la reacción de sus compañeros no era el único que lo sintió. Volteó hacia el cielo otra vez. Un enorme agujero oscuro se formaba succionando las nubes, el viento se hizo más violento arremolinando objetos pequeños con el polvo.

“¡Pues, fíjate que eso sí me parece el fin del mundo! ¿Qué falta? ¿Invasión alienígena?” dijo Tomás mirando furiosamente a nadie en particular.

“Ennis, Tomás, necesito que corran tan rápido-“

“¡Mierda!” el taxista Ennis ya estaba corriendo en dirección hacia la otra entrada.

Los tres hombres se movían frenéticamente sin notar como las grietas de las paredes se ensanchaban, y la temperatura bajó unos grados. Salieron del túnel dando con un prado fangoso. El agujero sobre sus cabezas se asemejaba ahora a un gusano de aire turbio con relámpagos a su alrededor como venas nervosas. Las armas fueron lanzadas a un lado, Tomás casi cae en una zanja por el peso del pequeño botiquín en su chaqueta, la cual el Basquiet se detuvo para ayudarle a quitársela, Ennis gritaba improperios cuando tropezaba con cadáveres. Un estruendo lo hizo callar.

El “gusano” se sumergió en la ciudad como un taladro gigante. El túnel simplemente se despedazó en sí mismo como la ventisca se fortalecía, dejándoles ver lo que sugería el inicio de la implosión de los edificios junto con la espiral de automóviles y cuerpos en el suelo que se estiraba palpitante.

“Apocalipsis zombi, Armagedón, meteorito, extraterrestres, calentamiento global… ¡mi culo! “susurró el taxista antes de escupir y volver a correr.

El médico jaló el chico volviendo en sí. Ambos le siguieron el paso al otro hombre. Atrás, todo su mundo se diluía rugiendo desde adentro.


Yo soy el plan maestro

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